Retiros de yoga y un itinerario de un sin número de actividades holísticas, una nueva forma de consumismo?

Vivimos una época en la que queremos aprender constantemente. Leemos, escuchamos podcasts, hacemos cursos, asistimos a talleres y retiros. Buscamos herramientas para sentirnos mejor y, sin darnos cuenta, muchas veces terminamos consumiendo conocimiento como si fuéramos aspiradoras.

Queremos hacer más. Saber más. Vivir más experiencias. Como si acumular fuera sinónimo de transformar.

Pero… ¿en qué momento integramos todo eso?

Mientras investigaba el origen de los retiros descubrí algo que me llamó la atención:

En el cristianismo, las personas se retiraban para entrar en un espacio de oración y discernimiento, para escuchar a Dios. En el budismo, para observar la mente en silencio y reducir los estimulos. En muchas tradiciones indígenas, retirarse marcaba un momento importante en la vida: un rito de paso, una búsqueda de visión o una preparación espiritual.

Lo que más me sorprendió no fue lo que hacían, es la intención. Un retiro no era una actividad de fin de semana, era un umbral, un momento significativo en la vida de una persona.

Y eso me llevó a otra pregunta.

¿Quién estaba listo para retirarse? No encontré respuestas que hablaran de experiencia, flexibilidad o conocimientos. Más bien encontré una idea que me pareció preciosa, quizás estaba listo quien atravesaba una búsqueda, quien sentía la necesidad de detenerse, quien intuía que necesitaba escuchar algo que, en el ruido cotidiano, era imposible escuchar.

Esa idea me hizo pensar mucho en cómo vivimos hoy. A veces llegamos a un retiro con el deseo de hacer más, aprender más y vivir más experiencias. Sin embargo, la contemplación necesita exactamente lo contrario. Necesita tiempo. Necesita silencio. Necesita espacios donde lo vivido pueda asentarse antes de seguir buscando algo nuevo.

Por eso también he cambiado mi forma de entender el yoga, cada vez siento menos necesario enseñar prácticas complejas o en acumular posturas. Hoy veo el yoga como un lenguaje que prepara el cuerpo, la respiración y la atención para que podamos estar realmente presentes. Un cuerpo más tranquilo permite una mente más disponible. Y una mente disponible puede escuchar cosas que antes pasaban desapercibidas.

Quizás un retiro nunca tuvo la intención de llenarnos de experiencias.

Quizás su propósito siempre fue mucho más simple. Crear un espacio donde pudiéramos volver a encontrarnos con nosotros mismos. Y asi experimentar en la cotidianidad vidas donde podamos dejar de fabricar pensamientos, dejar de controlar, dejar de interpretar.

Y simplemente...

Estar.

Con amor,

Pam

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Lo desafiante de invitar a la pausa.