Lo desafiante de invitar a la pausa.

Dentro del entorno en el que vivimos observo que cada vez es más desafiante invitar a la pausa.

Vivimos rápido. Pensamos rápido. Consumimos rápido. Y, aunque somos conscientes de que vivimos estresados y agotados, cuando decidimos descansar muchas veces convertimos ese descanso en otra lista de actividades que debemos cumplir. Paradójicamente, esto también sucede dentro del mundo del bienestar.

Hablamos de yoga, meditación, respiración, ceremonias, retiros, alimentación consciente, etc... y, sin darnos cuenta, comenzamos a coleccionar prácticas con la esperanza de sentirnos mejor, como si la siguiente experiencia fuera finalmente la que nos hiciera encontrar aquello que estamos buscando.

Y entonces me pregunto... ¿En qué momento el bienestar también se convirtió en productividad?

En los retiros que comparto llegan personas muy diferentes. Algunas llegan con un profundo deseo del corazón de detenerse y encontrarse consigo mismas. Otras llegan abiertas a explorar. Y otras simplemente con curiosidad. Cada una vive un proceso completamente distinto. Por eso, al comenzar siempre hago la misma invitación: Déjate llevar, suelta la necesidad de controlar la experiencia. suelta la expectativa, confía en que vivirás exactamente la experiencia que necesitas, aunque no sea la que imaginas.

Para mi los lugares nos sostienen, la naturaleza sostiene. Y cuando dejamos de querer controlar cada momento, aparece un espacio donde algo dentro de nosotros puede comenzar a moverse.

Pero rendirse no siempre es fácil. Creo que una de las cosas más difíciles de soltar es el control, hay personas que reconocen que viven desde él y desean aprender a relajarlo, otras ni siquiera lo identifican, porque el control puede disfrazarse de organización, de eficiencia, de querer tener todas las respuestas o incluso de creer que siempre existe una única forma correcta de hacer las cosas. Sin embargo, vivir intentando controlar cada experiencia termina agotándonos. Porque controlar exige estar siempre un paso adelante de la vida. Y eso nos impide habitar el único lugar donde realmente la magia sucede: el presente.

Hoy mi intención es decirte que dejemos ese pensamiento que debemos hacer más… Como si la transformación dependiera de la cantidad. Mi experiencia me ha enseñado exactamente lo contrario. Menos suele ser más, lo básico permanece, lo esencial sostiene. Aquello que parece simple suele ser lo único que realmente podemos integrar en nuestra vida cotidiana. Incluso, ¿Por qué nos cuesta tanto no hacer nada?, ¿Por qué permanecer en silencio puede llegar a ser tan desafiante?, ¿Por qué incluso cerrar los ojos durante unos minutos puede generar tanta incomodidad?. Quizá porque cuando todo el ruido desaparece... aparecemos nosotros, sin distracciones, sin pendientes, sin objetivos, solo nosotros. Y esa puede ser una de las experiencias más confrontadoras de todas.

Asi que si un día te animas a ir a un retiro, no esperes que sea un itinerario lleno de actividades, tómalo como una oportunidad para alejarte del ruido y recordar cómo habitar la vida desde un lugar más simple. Creo que hoy necesitamos menos experiencias extraordinarias y más capacidad para habitar lo cotidiano, porque, tal vez, la verdadera transformación no ocurre cuando añadimos una práctica más a nuestra vida, tal vez comienza cuando dejamos de convertir el bienestar en otra tarea pendiente y recordamos que la presencia nunca fue algo que había que alcanzar. Solo algo que necesitábamos volver a recordar.

Con todo mi amor,

Pam

Contemplando al APU Pitusiray

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